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Mostrando entradas de marzo, 2026

"Aún censurada, siempre regreso", Emily Brontë

Aun censurada, siempre regreso a los viejos sentimientos que nacieron conmigo. Abandono la búsqueda agitada de riquezas, los vanos sueños que nunca ocurrirán. Ya no busco más la región de las sombras. Monótona se expande su estéril vastedad, y legión tras legión se alzan mis visiones y me acercan, qué extraño, el mundo irreal. Caminaré, mas no sobre viejas huellas heroicas, no por los senderos de la alta moralidad y no entre rostros inciertos, nebulosas formas del rancio pasado. Caminaré adonde mi naturaleza me lleve, pues me humillaría elegir otro guía. Allí donde pastan entre helechos los grises rebaños, allí, a la montaña, donde brama el viento salvaje. ¿Qué importantes secretos revelan los montes solitarios? Gloria y aflicción inenarrables. La Tierra, al despertar el corazón humano, une ambos mundos, el Cielo y el Infierno.

"Al lector", Charles Baudelaire

La necedad, el error, el pecado, la tacañería, Ocupan nuestros espíritus y trabajan nuestros cuerpos, Y alimentamos nuestros amables remordimientos, Como los mendigos nutren su miseria. Nuestros pecados son testarudos, nuestros arrepentimientos cobardes; Nos hacemos pagar largamente nuestras confesiones, Y entramos alegremente en el camino cenagoso, Creyendo con viles lágrimas lavar todas nuestras manchas. Sobre la almohada del mal está Satán Trismegisto Que mece largamente nuestro espíritu encantado, Y el rico metal de nuestra voluntad Está todo vaporizado por este sabio químico. ¡Es el Diablo quien empuña los hilos que nos mueven! A los objetos repugnantes les encontramos atractivos; Cada día hacia el Infierno descendemos un paso, Sin horror, a través de las tinieblas que hieden. Cual un libertino pobre que besa y muerde el seno martirizado de una vieja ramera, Robamos, al pasar, un placer clandestino Que exprimimos bien fuerte cual vieja naranja. Oprimido, hormigueante, como un mill...

"El albatros". Charles Baudelaire

Por distraerse, a veces, suelen los marineros Dar caza a los albatros, grandes aves del mar, Que siguen, indolentes compañeros de viaje, Al navío surcando los amargos abismos. Apenas los arrojan sobre las tablas húmedas, Estos reyes celestes, torpes y avergonzados, Dejan penosamente arrastrando las alas, Sus grandes alas blancas semejantes a remos. Este alado viajero, ¡qué inútil y qué débil! Él, otrora tan bello, ¡qué feo y qué grotesco! ¡Éste quema su pico, sádico, con la pipa, Aquél, mima cojeando al planeador inválido! El Poeta es igual a este señor del nublo, Que habita la tormenta y ríe del ballestero. Exiliado en la tierra, sufriendo el griterío, Sus alas de gigante le impiden caminar.

"Una carroña". Charles Baudelaire

Recuerda, alma, el objeto que esta dulce mañana de verano hemos contemplado: al torcer de un sendero una carroña infame en un cauce lleno de guijas, con las piernas al aire, cual lúbrica mujer, ardiente y sudando venenos, abría descuidada y cínica su vientre lleno todo de emanaciones. Irradiaba sobre esta podredumbre el sol, como para cocerla al punto justo, y devolver el céntuplo a la Naturaleza lo que reunido ella juntaba; y el cielo contemplaba la osamenta soberbia lo mismo que una flor abrirse. Tan fuerte era el hedor que creíste que fueras sobre la hierba a desmayarte. Los insectos zumbaban sobre este vientre pútrido, del que salían negras tropas de larvas, que a lo largo de estos vivos jirones —espeso líquido — fluían. Todo igual- que una ola subía o descendía, o se alzaba burbujeante; diríase que el cuerpo, de un vago soplo hinchado multiplicándose vivía. Prodigaba este mundo una música extraña, cual viento y cual agua corriente, o el grano que en su harnero con movimiento rítm...

Walt Withman. "Canto a mí mismo" (enlace)

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"Las penas del joven Werther". W. Goethe.

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