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Mostrando entradas de mayo, 2026

"Los superjuguetes duran todo el verano", Brian Aldiss.

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  En el jardín de la señora Swinton era siempre verano. Los delicados almendros estaban perpetuamente cubiertos de hojas. Mónica Swinton arrancó una rosa azafranada y se la mostró a David. —¿No es preciosa? —dijo. David levantó la cabeza y le sonrió, sin responder. De pronto, le arrebató la flor y echó a correr por el parque hasta desaparecer detrás de la casilla del perro donde el robot-guadaña esperaba agazapado, listo para cortar o barrer o rodar cuando llegase el momento. Mónica se quedó sola en el impecable sendero de grava plástica. Había hecho todo lo posible por querer a David. Cuando se decidió a seguir al pequeño, lo encontró en el jardín trasero, haciendo flotar la rosa en la pequeña piscina. Parecía absorto, con los pies en el agua y las sandalias puestas. —David, querido, ¿es necesario que seas tan insoportable? Entra ahora mismo a cambiarte los zapatos y los calcetines. El niño la siguió al interior de la casa sin protestar, la cabeza oscura bamboleándose a la altura ...

"Sueños de robot", Isaac Asimov.

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-Anoche soñé -anunció Elvex tranquilamente. Susan Calvin no replicó, pero su rostro arrugado, envejecido por la sabiduría y la experiencia, pareció sufrir un estremecimiento microscópico. -¿Ha oído eso? -preguntó Linda Rash, nerviosa-. Ya se lo había dicho. Era joven, menuda, de pelo oscuro. Su mano derecha se abría y se cerraba una y otra vez. Calvin asintió y ordenó a media voz: -Elvex, no te moverás, ni hablarás, ni nos oirás hasta que te llamemos por tu nombre. No hubo respuesta. El robot siguió sentado como si estuviera hecho de una sola pieza de metal y así se quedaría hasta que escuchara su nombre otra vez. -¿Cuál es tu código de entrada en computadora, doctora Rash? -preguntó Calvin-. O márcalo tú misma, si te tranquiliza. Quiero inspeccionar el diseño del cerebro positrónico. Las manos de Linda se enredaron un instante sobre las teclas. Borró el proceso y volvió a empezar. El delicado diseño apareció en la pantalla. -Permíteme, por favor -solicitó Calvin-, manipular tu computa...

"Humano es", Philip K. Dick.

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  Los ojos azules de Jill Herrick se llenaron de lágrimas. Miró a su marido con un horror indescriptible. —¡Eres… eres horrible! —sollozó. Lester Herrick continuó trabajando, ordenando montones de notas y gráficas en pilas precisas. —“Horrible” es un juicio de valor —dijo—. No contiene información objetiva. —Hizo pasar por el escáner de escritorio una cinta informativa sobre la vida parasitaria centauriana—. Es simplemente una opinión. Una expresión de emoción, nada más. Jill se dirigió tambaleándose hacia la cocina. Con un gesto apagado activó la estufa. Las cintas transportadoras en la pared cobraron vida con un zumbido, enviando los alimentos desde los depósitos subterráneos para la comida de la noche. Se volvió para mirarlo por última vez. —¿Ni siquiera por un momento? —suplicó—. ¿Ni siquiera…? —Ni siquiera por un mes. Cuando él venga, puedes decírselo. Si no tienes el valor, lo haré yo. No quiero un niño correteando por aquí. Tengo demasiado trabajo. Este informe...